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La Ciudad de Hojalata es descubrir la delgada piel que cubre sendos fragmentos de nuestro paisaje urbano, en un intento desesperado por esconder, maquillar o simplemente brindar solución al deterioro más vergonzoso de nuestra infraestructura, marcas indelebles del clima y los años.
La hojalata es frecuente en un buen número de rincones urbanos. Incondicional e imprescindible en los terrenos más populares, persistente desde vistas aéreas y ocasional en terminaciones medianamente aceptables. Se muestra de manera humilde, nunca figurando, ya que no pretende entregar un atributo donde se posiciona, sino simplemente proteger o solapar. AsÃ, siempre impávido, se ha convertido en el más fiel testigo del desgaste por el paso del tiempo y la precariedad constructiva. Aunque, a veces, muestra signos de agotamiento en un semblante arrebolado producto de la corrosión, grito desesperado que señala la madurez de su existencia, y asà mismo, de lo que esconden.
La Ciudad de Hojalata es reivindicar lo imperfecto. Es utilizar el material como soporte de la obra, dándole la oportunidad de expresarse y que cuente los secretos de la urbe ominosa. Es sublimar el defecto, para encontrar la belleza en éste, ya que representa la parte nunca bien ponderada de nuestra cultura, la que nos pertenece completamente, porque de una u otra manera nos hemos encargado de crearla como sociedad.
A través de un ejercicio quÃmico, de aspiración alquÃmica, afloran formas y texturas de la ciudad, arquetipos arquitectónicos, seres antropomorfos y de figuras onÃricas. Las que, sin duda, son desarrolladas desde un estado crÃtico y reflexivo. Impulsadas primero por una pulsión, luego por la quÃmica y finalmente por la interpretación del resultado morfológico.
Al observar la ciudad con los ojos crÃticos que me ha entregado mi formación de arquitecto, he resuelto el comienzo de una búsqueda personal de encontrarme con la ciudad de una manera distinta, más allá de las formalidades. Y me he encontrado con una realidad paralela, difÃcilmente escrutable, escondida en el cotidiano. Es el que pensamos que no tiene sentido y postergamos, el que se encuentra entre ruinas, el que preferirÃamos que no existiera más, porque es sinónimo de pobreza y segregación. Pero que en cierta medida se hace atractivo conocer, será por lo pintoresco de la cultura popular o quizás es el morbo de conocer lo más grotesco de nuestra sociedad. De cualquier modo, es un llamado a la reflexión, ejercicio necesario hacer para poder entender lo nuestro estado urbano, la manera en que vivimos.
Aunque muchos no lo crean asÃ, nuestro habitar goza de gran vida en términos morfológicos, maneras de habitar y relacionarse, diversidad de materialidades, relación con la geografÃa, etc. La que puede ser un material muy importante que es digno de analizar. Ahora, ¿de qué manera podemos ingresar a esta base de datos cultural?, a través de ciertos sÃmbolos presentes en casi cualquier espacio de nuestras ciudades, en cuanta solución constructiva, en este caso, se refiere.
Una de estas prácticas y que se hace evidente en las ciudades o nuestro paisaje urbano, es la utilización de elementos constructivos caracterÃsticos que definen nuestra idiosincrasia en el cómo construimos a partir de la necesidad de dar solución de problemas. Como los cambios del tiempo, necesidades básicas, que se traducen en la utilización de elemento para cubrir, parchar, aislar, retapar, separar, entre otros. El que destaca como uno de los más utilizados en este proceso, es la hojalata. Que al mirar nuestro paisaje urbano destaca sin decoro, en techos, puertas, portones, como recubridor, como material de terminación, en chimeneas, paramentos, envolviendo lo construido desde su fachada y hasta el mÃnimo detalle que necesita reparación y nunca con la intención de entregar un atributo estético, sino, simplemente dar una respuesta inmediata a una necesidad urgente a manera de maquillaje, nunca de fondo. Eso es lo que hasta ahora hacemos, eso es lo que delata como somos, ese es nuestro patrimonio oculto.
La manera de mostrar esta postura crÃtica es la forma en que se pretende adoptar el mismo material como soporte, una técnica experimental que se convierte en una fusión entre arquitectura y el arte, desde la arquitectura, la visión del dibujo reflexivo y desde el arte, la aporte plástico de la intervención y el uso de los materiales. El método es a través de un proceso de oxidación que habla del estado de deterioro producido por el clima y el paso del tiempo, ir entregándole atributos en base a un croquis proveniente de mapas mentales de la ciudad que hablan de fragmentos urbanos reales o ficticios, pero que dan testimonio del habitar urbano en la vastedad de nuestro territorio.
La Tecnica
La técnica experimental consiste en un bastidor de zinc-alum u hojalata, la que es trabajada a través de un trazado base que da nacimiento a la intervención elaborado en base a barnices que conservaran el material en su estado original. Luego a través de un proceso de intervención quÃmica con ácido, es removida la capa del cincado para descubrir la placa de acero de su interior y acelerar el oxidado que dará paso a la formación espontanea de matices y texturas. Los que son trabajados mediante lijado, raspado y aplicación de pinturas para acentuar las formas resultantes.
Cristóbal Quintana
La muestra estará disponible en la galerÃa de arte del Parque Alessandri hasta el próximo domingo 28 de junio de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas. La entrada es gratis.

